jueves, 9 de mayo de 2013

Cuando tomar café se convirtió en tendencia

Tengo una amiga que desayuna siempre en un bar. Da igual que llueva o truene. Ella no empieza el día si no se ha metido su dosis de cafeína entre pecho y espalda, apoyada en la barra de un bar. Esa es otra, tiene que ser en la barra. Así que cuando quedo con ella para hacernos una sesión de shopping ya sé que la primera parada incluye un taburete alto y una taza pequeña. No estoy a estas alturas para quejarme, peor sería que nos tocase andar por la calle con un tremendo vaso de papel sorbiendo por un agujero.

Parece que nadie se lo ha planteado, pero yo en eso estoy con Elvira Lindo cuando cuenta sus tribulaciones por Nueva York: los neoyorkinos han instaurado la manera más incómoda de beber café. Podría entenderlo por su clima, si te tienes que hacer unas cuantas manzanas de calles bajo cero, mejor hacerlo con una bebida caliente entre las manos. Pero en España, por favor, con el clima que tenemos que no sé si nos lo merecemos ;-) Veo chicos y chicas saliendo del Starbucks con su actitud pasiva y sus vasos de papel con el símbolo verde y negro y pienso ¿cuándo tomar café se convirtió en tendencia?
Vaso de papel con café
¿En serio te gusta beber por un agujero?


Lo de tomar café en casa ha sido siempre más una necesidad que un placer. Una dosis por la mañana para que salten las legañas y otras tantas después de las comidas para espabilar. Pero entonces llegó aquella cafetera (Dolce Gusto si no me falla la neurona) que contoneaba sus "caderas" mientras sacaba de su tripa bebidas de todos los colores. Nos aseguraba que el café no es sólo negro. Capuccino, Latte Macchiato, Chai Tea,... Anda que no suena fenomenal lo del "latte macchiato", esa campaña nos convenció.
Cafetera Dolce Gusto
¿Es bonita o no es bonita la cafetera?


Pero entonces llegó George Clooney y nos habló de un café exclusivo, de unas tiendas exclusivas... y con esa sonrisa de medio lado ¡qué le ibas a decir! ¡que sí! ¡que sí! Y empezamos a pagar una pasta por el café, pero lucíamos orgullosos nuestras bolsas de papel de esas tiendas exclusivas. Pagar una pasta por el café parece que no nos importa. Confieso desde estas líneas que me encantan los cafés de Starbucks, eso sí, en taza de porcelana, tamaño pequeño (¿pequeño?). Me encanta la variedad de bebidas, me encantan sus sofás y exprimir su wi-fi. Entonces el café ya no me parece caro. Supongo que es lo mismo que nos vendió el Sr. Clooney, ahora tenías un café con crema como el de los bares en casa, con sus cápsulas, sus dependientes impecables tras los mostradores de las tiendas. Me remito, ya no nos parece caro. Y lo de las cafeteras otra birguería qué tal, ¿habéis visto qué bonitas son? Otro de las consecuencias de cuando tomar café se convirtió en tendencia: la cafetera más mona de cápsulas la tengo yo en casa, ¡cuando la vean mis amigas!

Ahora que todo ha vuelto un poco al sitio y las cápsulas las puedes comprar en el supermercado (vale, yo de vez en cuando vuelvo a esos dependientes pulcros y educados, no me puedo privar) y tienes cafeteras de cápsulas por menos de 50 euros, ya me veo pensando cuál será la próxima tendencia. A mí lo de los instantáneos que he visto en el refrigerador del híper no me convence, pero... del café de calcetín a ese no me digas que no hay para elegir. Yo para casa mis cápsulas y para fuera Starbucks ¿y vosotros?